miércoles, 2 de septiembre de 2015

Vivir

[…] " Y crees que todo está ganado, cuando cierras la puerta y casi todas las ventanas. ¿Quién gana en tu claustro? ¿Quién toma ventaja cuando todo lo que hay es oscuridad? ¿Quién puede contestar a eso?
Estás gritando, lo oigo. Gritas de dolor, de desesperación, de angustia. El miedo fluye por tus venas, congelando todo lo que encuentra a su paso. Segundo tras segundo, tu rostro olvida cada expresión, y tu mirada deja de ser tan curiosa. Con cada momento que pasa, el hielo sustituye tus huesos, y tu cálido aliento se convierte en una ventisca que sale suspiro a suspiro.
Puedo verte entre barrotes intocables. Puedo verte sentada, en paz, tranquila y despreocupada. Puedo verte convencida por esa seguridad que te da ser estática. Puedo verte a pesar de la oscuridad y ya no gritas. Crees haber olvidado el miedo desde que sabes que en esa oscuridad que te rodea nada te acecha. Pero se que tú no has nacido para perdurar congelada en el peor de los pozos. Sé que tú no quieres ser inmortal dentro de una estatua helada.
No has cerrado todas las ventanas, y notas mi presencia. Es ese calor que aún te sigue resultando familiar. Es el fuego que una vez vivió en tu interior, antes de que lo apagaran sin ninguna humanidad. No estoy aquí para poner excusas ante nada, sino para demostrar que solamente importa vivir, por encima de perdurar. ¿De qué te sirve ser inmortal, si nunca tendrás nada ni nadie para compartir cada segundo que te atraviesa? ¿De qué sirve un palacio de hielo si es inhabitable para el resto que te rodea? Tú estás viva, te mueves, avanzas, te equivocas, pero te levantas. No hay hielo que tome las cicatrices por ti. No hay hielo en el mundo que vaya a aprender por ti. No hay oscuridad donde tu corazón es libre como una brillante estrella fugaz.

No hay victoria en el enclaustramiento.
No hay victoria en la oscuridad.
No hay victoria, porque nunca hay lucha.
Y no hay lucha, porque te rendiste a destiempo.

Hay victoria si decides vivir.
Y mi mano en llamas para acabar con tu prisión helada, y toda tu oscuridad. "

domingo, 2 de agosto de 2015

Escribir esto y no derramar ni una lágrima. Por sequía, nevada, o qué se yo acerca de meteorología humana.
Escribir llanto y darle forma, con el desprecio propio del rencor, del reencuentro, del dejávu, de volver ante los ojos reflejados. Hoy soy un lápiz sin punta, y mañana quién sabe, si seré bolígrafo sin tinta.
Escribir, por escribir, por no llorar, como mi propio repertorio de frases indica, con las instrucciones de no mirar, no oír, no leer, no hablar, no pensar, y si todo va bien, no sentir. Por no llorar, y que el mundo se torne gris del llanto que guardo, que el diluvio universal ocurra solo en mi universo. Escribir desesperadamente seguido sin pausa, por soltar cabos, cuerda, y si cae, el ancla que se me hunde en el pecho.
No he derramado ni una lágrima, y no puedo evitar temer un páramo helado en el lugar donde mi sangre cobraba fuerza.

Y entonces, puedo ver claros los ojos que se reflejan. Le intento hablar pero no me entiende, y yo tampoco lo entiendo.
Y no lloro. Por estar distraído, pienso en automático. Por intentar poner palabras inútilmente, donde solo cabe un desgarrado y desconsolado silencio.

martes, 31 de marzo de 2015

Fin de la cita

"Y si de verdad eres capaz de verme tras mi cárcel es que tu persona es realmente afortunada. [...] Porque, aunque no encuentre razones, sigo cerrando puertas y ventanas. Sigo temiéndolo todo: por seguridad, por inseguridad.

Como aquel que prefiere dormir mil horas y despertar en un mundo distinto.
Como aquel que huye hacia el silencio y no quiere ser oído.
Como aquel que no habla y mira al infinito, buscando un lugar desconocido.

He aprendido que 'yo' no significa 'nosotros' y que mi sonrisa no significa futuro. He aprendido que el dolor es permanente, que recordar es dar un paseo en chubasquero por el corazón. He mirado a los ojos de la completa perdición solamente para no tener que perderme en otros. He aprendido a callar, mirar, luchar, asumir y continuar.
He aprendido tanto... que jamás abriría ninguna de mis puertas. Y el tiempo las convertirá en muros de bisagras oxidadas: ásperas, robustas, fijas.

Considera tu existencia afortunada si eres capaz de verme tras los muros, porque incluso el tiempo que tienes para hacerlo cuenta en negativo en mí: no me queda tiempo para existir en la vida de nadie más, ni esfuerzo ni ganas ni deseos.
Y no hay tanque ni ariete que me haga cambiar de parecer."

Colgó el teléfono.
Colgaron lágrimas.
Fin de la cita.

lunes, 1 de diciembre de 2014

Carta de un marinero

"¿Sabes por qué elegí esta playa como nuestro santuario?... Sin duda alguna, decidí que la costa sería nuestro punto de partida. Nuestro destino sería el horizonte, y el mar, bravío y cambiante, nuestro mayor obstáculo. Cuando te miraba, sabía que cada paso que diéramos se convertiría en un logro único e inconmensurable. Veía en tus ojos la mayor de mis travesías, con la mejor compañía y la mejor y más resistente embarcación. No cabe ninguna duda de que tu mirada prometía más que aventuras, y embaucaba a mi alma por encima de mi control. Eras tentadora, más que cualquier tesoro en cualquier mapa perdido.

...

Una playa que siempre me lleva hasta ti. El sonido del mar enmascara bien mi voz en mi mente, porque creo que me avergonzaría con todo lo que te confieso cada vez que vengo... Pero... No se cómo puedo seguir vivo después de... tu accidente.
Algunas veces creo que la vida se equivoca en sus elecciones. Para mi no existe la suerte, ni la casualidad. Para mi... Existe el error y el acierto. Estoy convencido de que el destino cometió un error contigo. Tú deberías estar aquí, deberías ser el timón de mi embarcación, mi vela y tus ojos cada farol que alumbraran el nocturno mar. Tú... Deberías seguir siendo mi futuro.

La vida me ha forzado a venir aquí desde el día en el que te fuiste. No me queda nada que agarrar mas que breves recuerdos. Solo fe... de que puedas saber de mí allá donde quiera que estés. Aunque me quede sin dinero, sin casa, al igual que en su día me quedé sin barco, te prometo, aunque lo haga todas las noches que vengo a verte, que siempre escribiré para ti. Dejaré siempre un mensaje que, espero, la corriente lleve a tus manos. Jamás te olvido, porque aunque tu ausencia me atrape, tu recuerdo sigue siendo luz cuando me siento perdido. Pensar en ti es divisar un faro en una tormenta. Pensar en ti es sufrir, pero también es saber que jamás hubo mejor guía, mejor brújula, ni mejor tesoro... Que tú.

Te extraño pequeña marinera."

Tras preparar la botella con el mensaje y lanzarla... solo le quedó observar y oír con detenimiento el movimiento de las olas a medida que éstas se llevaban su mensaje a un puerto mejor. Estaba convencido de que la vida le compensaría su error al menos con eso: algo de lo que alegrarse en medio de la pura soledad.

domingo, 30 de noviembre de 2014

Pocas palabras

"Ser bueno no me va a quitar el frio en invierno. No va a darme el empujón que necesito, ni va a servir de ánimo cuando me hunda.

Ser bueno me da la ilusión de esperar lo mismo que ofrecí. Me da esperanzas, algo para creer, pero no me da el hecho.

Y así, en pocas palabras, ser bueno vuelve a convertirse en una inversión sin futuro, porque ni siquiera hablo de un provecho a mi antojo. Hablo de mi mismo, perdido en la helada ausencia de motivos.

Hablo de que, cuando muera, el cementerio estará lleno de tumbas repletas de momentos, recuerdos, sueños cumplidos... Y la diferencia conmigo es que mi tumba va a estar vacía de todo: solo yo, yo solo."

viernes, 21 de noviembre de 2014

Solo una pregunta

Hace tiempo probablemente me olvidaras, y bendita tu dócil memoria por dejarte disfrutar de ese placer. Pero aun así solamente quiero... preguntar cómo te va todo. Se que hay pretextos erróneos, así como errores que sirven de pretexto. He aprendido a ser humano, y con ello aceptar que jamás podré ser perfecto, ni para mi ni para nadie. Por eso te puedo preguntar. Por eso solo quiero calmarme un poco.
No soy rencoroso, ni contigo ni conmigo mismo. Puedo perdonarme el ser un capullo, como también puedo perdonarme el haber tenido el valor para tomar decisiones difíciles. Probablemente me mire en el espejo y vea rastros y más rastros de dudas y más dudas. Pero bueno, nada sirve ahora...
Y por ello solamente te pregunto cómo estás. No se si es por ser bueno o por estar viejo y no saber lo que hago. No se si piensas a saber qué de mi. La diversidad de opinión es respetable, y dentro de lo que cabe las connotaciones sentimentales no entran al trapo en este asunto. Me interesa saber si todo te va bien, solamente porque sigo siendo increíble y estúpidamemte bonachón para algunas cosas, eso creo.
Espero que todo te vaya bien, que hayas conseguido ese sueño que perseguías, que puedas esbozar una sonrisa cada día, porque por muchos errores que tengamos, siempre merecemos estar tranquilos y felices.

Aunque pienso yo que si algo no me merezco... es esta estúpida memoria tan buena.

martes, 11 de noviembre de 2014

Escribir sobre nostalgia

Me has pedido que escriba.
De ti, de tu mirada, tal vez de lo mucho que te amaba. Tal vez de un camino, un paraíso en llamas, un sueño lúcido del que no te levantas. Me has pedido que escriba lo que en otras palabras grito cada instante. Me has pedido que me controle, y no se verme a mi mismo y quedar tan distante. Porque existe mucha más distancia entre mis yo, todos ellos, que la que existe entre tu "te" y tu "quiero". Y a la vez todo arde en odio, a la vez todos me abruman cuando parpadeo.

Sin saber que ser yo jamás es ser yo mismo, me has pedido escribir. Pues esto es decepción, es el silencio transcrito en cada segundo de cada minuto en el que deseo volver al punto en el que te conocí y golpearlo para que todo ahora sea distinto. Esto es mí mismo soñando con un futuro mejor y escribiendo los relatos de un destartalado amor de fogonazo.
Me has pedido escribir y es como pedirme que sangre. Es como dejar escapar entre mis dedos la sinceridad del momento, y plasmar, plasmar la muerte escrita sobre un lienzo.

No hay amor que quede vivo en el silencio de este lápiz escribiendo. Tal como lo que siento al mirarte de nuevo, al mirar tus ojos negros. No hay presente, solo un pasillo estrecho hacia un pasado de ensueño. No hay veranos para despreocuparse; ni como el que me sirvió para conocerte, ningún invierno.